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ENTREPRENEUR

El Leonardo da Vinci de las Pampas.

POR Andrés “Pirin” Maino

Augusto “Pirincho” Cicaré es un visionario que a los 21 años construyó su primer helicóptero, sin ningún material ni conocimiento. Sólo siguiendo las instrucciones de una popular revista de la época. Hoy, a sus 80 años, puede estar orgulloso de tener la única fábrica de helicópteros de Latinoamérica, ubicada en un pueblito alejado de La Pampa. Pirincho no sólo cambió la industria: tiene una calle con su nombre en la ciudad que lo vio nacer y sigue tan entusiasta como el primer día. Vale la pena leer esta increíble historia.

“Le voy a decir una cosa, Cicaré. Si usted hubiera nacido en los Estados Unidos sería más famoso que Edison”. Augusto Cicaré se encoge de hombros y responde con una sonrisa. Una sonrisa que no abandona nunca. Su modestia lo acostumbró a fingir asombro por ese comentario que escuchó tantas veces. ¿Qué hizo este hombre para merecer tal elogio, para que una avenida de su pueblo lleve su nombre?

Foto vía: youtube.com

Pirincho Cicaré, como todos lo llaman, es un visionario, un entusiasta, un soñador. Unos de esos personajes maravillosos que aparecen cada tanto. A los 4 años vio en la portada de la revista Mecánica Popular la fotografía de un helicóptero. Su madre le leyó que el aparato podía despegar y aterrizar en forma vertical, sin necesidad de una pista. Heredero de una familia de mecánicos, el niño prometió que algún día iba a construir el suyo.La mamá de Pirincho agrandó la fantasía diciéndole que podría bajar en el jardín de su casa cuando la fuese a visitar.

Foto vía: enlos50y60.blogspot.com

A principios de la década del cuarenta fabricar un helicóptero en Polvareda, un pueblito perdido en el medio del campo, era una empresa delirante hasta para imaginación de un niño. Pero la idea se transformó en obsesión y Pirincho Cicaré no paró hasta hacer realidad su sueño. A los 21 años fabricó un motor de aluminio que fundó a partir de un molde de barro. Después soldó los tirantes de una cama con algunos perfiles y alambres de acero que encontró en el taller de sus tíos. Copiando los planos de aquel Sikorsky de la revista, construyó y voló su primer helicóptero. Sin instrucción aeronáutica, sólo con su talento e intuición.

Foto vía: hangar57.com

Con el tiempo despegarían nuevos modelos. Una tarde volvió volando del taller en uno de sus aparatos y aterrizó en el jardín de su casa. Tuvo que hacer un esfuerzo para contener la emoción. Si se le escapaba una lágrima, lloraba el día entero. La fama de Pirincho se extendió más allá de los límites de Polvareda y Saladillo. Un día, sin previo aviso, lo fue a visitar Juan Manuel Fangio. “La fábrica Auto Unión me encargó que consiga un motor liviano para el DKW. Yo no sé nada de helicópteros, pero de motores entiendo un poco.¿sería tan amable de enseñarme lo que usted fabricó?” le dijo el Chueco. Así comenzó una amistad que los llevó a recorrer miles de kilómetros probando y adaptando ese nuevo motor.

 

Los vaivenes políticos y económicos lo hicieron trastabillar varias veces, como a todos los argentinos. Augusto Cicaré nunca abandonó su sonrisa y su entusiasmo. La última gran crisis, la del 2001, la superó inventando y comercializando el dispositivo que permite pasar el consumo de nafta a GNC. Pero el gran invento de Cicaré es el entrenador de vuelo. Un helicóptero cautivo en el que se aprende a volar en forma real, de manera sencilla y segura. De todos los rincones del mundo llegan visitantes a comprobar lo que a todas luces parece una excentricidad. Que en el medio del campo, en el corazón de la pampa, florece la única fábrica de helicópteros de toda Latinoamérica.

 

Foto vía: cicare.com.ar

 

Foto vía: alchetron.com

 

Si hubiera nacido en Estados Unidos o en Europa sería el nuevo Edison. Ofertas de radicación y empleo no le han faltado. Pirincho no se lamenta por los honores y fortunas rechazadas. Dice que si va a lograr algo lo va a hacer en su país, en su pueblo, con sus hijos, con sus amigos y sus vecinos. La juventud no es un momento de la vida, sino un estado del alma. Y este joven inventor de 80 años no puede o no quiere ocultar detrás de su eterna sonrisa la satisfacción del sueño cumplido. De la realidad que logró superar su imaginación de niño.

Foto vía: youtube.com

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