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FOOD

Un plato de lengua.

POR Néstor Ortiz
Dietista

En el principio, nos alimentábamos de lo que daba la tierra. Luego se hizo la caza y la pesca. Pronto comenzamos a lavar las recolecciones para retirar exceso de tierra y descubrimos un agradable sabor salino, también aprendimos a mezclar otros alimentos con hierbas y se hizo la primera sazón. Luego descubrimos el fuego, descubrimos la cocción, y fue entonces cuando las carnes, pescados y frutos, sometidos a las llamas, adquirían un gusto cocido y ahumado muy agradable. Y la lengua dijo que todo eso era bueno.

Fotovía: La Alcazaba

Hay otra historia, que también habla de la lengua, es otra historia larga que no contaremos hoy. Pero en esa historia también descubrimos, inventamos, sazonamos y cocinamos las cosas. Es la historia del lenguaje. Porque la cocina y el lenguaje son almas gemelas. Por eso, el lenguaje es como una olla que siempre se está cocinando, y que nunca dejará de hacerlo, cada generación se servirá su plato y a la vez le añadirá sus propios –y nuevos– ingredientes.

 

Fotovía:T13

 

Hoy, nos encontramos en un punto de esa historia que será muy importante en el mañana, el momento en el que hay una gran multitud hambrienta por añadirle un sabor que le hacía mucha falta al lenguaje: el sabor de la inclusión. Pero, aún no nos ponemos de acuerdo en la forma en que este plato lingüístico deberá cocinarse. Porque en gustos y sabores...

Fotovía:Soy Carmin

Hay unos innovadores que insisten en cambiar la receta, en reemplazar una salada “o” por una dulce “a”, hasta incluso quitar ambas y poner una ácida “e”, no faltan los radicales que hasta le echan una amarga “x”, arruinando por completo el sabor. Hay cosas que simplemente no tiene sentido echar a perder. Eso lo saben los chefs académicos de la RAE, que dijeron que del mismo plato pueden comer TODOS porque no hay platos para ellos y para ellas, y simplemente no existen los platos para elles.

 

 

 Fotovía: Mexperiencia

Yo solo sé que el hambre y el derecho a hablar, son dos cosas que no conocen de etnias, géneros, creencias, ni niveles socioeconómicos. Todos necesitamos nutrirnos y comunicarnos. Lo mismo ocurre con el gusto por comer bien, y por hablar y escribir bien, son cosas que se aprenden desde bien temprano en la vida, pero que deben siempre cultivarse. Porque se puede tener una buena charla mientras comes un plato típico en el mercado, tanto como junto al más exquisito plato de autor en un restaurante de moda. Todo está en saber disfrutarlo.

 

¡Buen provecho!

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