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FREEDOM

Latinoamérica es uno de los continentes más piratas del mundo. Si no el más.

POR Néstor Ortiz
Cosenza 2.0

Pirata. Muchos tienen en su imaginario al oír esa palabra, a una especie de Jack Sparrow que, para bien o para mal, es ahora el rostro del pirata que más gente reconoce. Pero no es una imagen muy cercana a la realidad de lo que fueron los piratas del Caribe en la época del Renacimiento. No quiero entrar en debates históricos, pero personajes como Francis Drake fueron héroes para Inglaterra y para España simplemente piratas, simplemente criminales. Todo es relativo.

Fotovía: Historic UK

 

Hoy en día, pirata y piratería son palabras usadas tan ampliamente para describir actividades como robarse la señal de la TV paga, distribuir software sin licencia o dar el servicio de transporte sin ser conductor profesional. Delitos que son tolerados y hasta gozan de “patente de corso” en algunos estados de Latinoamérica, y no olvidemos que para el transporte y para el sector hotelero es básicamente lo mismo lo que hacen algunas plataformas tecnológicas, eso sí con ese glamour millennial que hace que lo incorrecto sea mejor visto si tiene su propia app.

 

 

 

De jóvenes, muchos hemos probado las mieles de la ilegalidad, gracias a que en Latinoamérica vivimos esa ilusión de estar en la Bahía de Barataria o en Libertalia, en esa utopía pirata del no tener que rendirle cuentas a nadie. Pero uno crece, uno madura, y uno aprende a valorar el trabajo ajeno, porque se da cuenta de que estamos a punto de pagar un karma de propiedad intelectual. Por ejemplo, los diseñadores tenemos una deuda enorme con los programadores (no voy a entrar en detalles).

 

Fotovía: Historic UK

 

Fotovía: Geek Tyrant

Y eso pasará en todas las profesiones, porque allá afuera, donde la competencia crece exponencialmente, hay una suerte de subasta inversa, donde los precios por los trabajos y los salarios que están dispuestos a pagar las empresas, van bajando como si estuvieran jugando limbo, y mañana no seremos reemplazados por robots (todavía no), pero un día llegaremos al puerto y veremos que el timón de nuestro barco está en manos de un sonriente Jack Sparrow. Todo en nombre de la libertad de mercado.

 

¡Ahoy!

 

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