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HEROES

“Hemos conocido a Dios a través de los migrantes”.

POR Redacción

La visita del Papa Francisco a los EE.UU y su encendida defensa hacia los latinoamericanos que habitan en el país del norte, resurge la historia de Norma Romero Vázquez y un grupo de mujeres de su familia, quienes cocinan diariamente desde las 10 de la mañana, arroz y frijoles, cortan panes y llenan botellas con agua que más tarde repartirán en bolsas de plástico para aliviar la pesadez del viaje de quienes cruzan La Patrona —un barrio de Amatlán de los Reyes, Veracruz— en busca del sueño americano.

Foto vía: regeneracion.mx

Este año compiten por el Premio Princesa de Asturias 2015 gracias a la constante labor de estas mujeres por llevar vida a la ruta de la muerte, donde anualmente son secuestrados más de 20,000 migrantes en territorio mexicano cuando intentan llegar a los Estados Unidos de America. Casos que la mayoría de las veces no se denuncian por temor a represalias, por lo que se especula que las estadísticas podrían ser mucho mayores.

Foto vía: gob.mx

Aunque ya en el 2013, luego de haber repetido durante más de una década esta rutina al frente del grupo conocido como Las Patronas, Norma Romero Vázquez fue reconocida con el Premio Nacional de Derechos Humanos de México que otorga la Comisión Nacional de Derechos Humanos mexicana, por su “destacada trayectoria en la promoción efectiva y defensa de los derechos de las personas migrantes”.

En estos viajes infrahumanos a bordo del tren conocido como La Bestia, escasean las cosas básicas para sobrevivir, los migrantes además son víctimas de las feroces pandillas (los maras), de miembros del crimen organizado y de policías corruptos dispuestos a aprovechar la ocasión para sacar tajada, mediante extorsiones, robos, violaciones y asesinatos.

Foto vía: univision.com

Las Patronas arrancaron su labor altruista después de un hecho que consideran casi un mandato divino. Una medianoche, cuando Norma tenía apenas 15 años, abrió la puerta de su casa y se encontró a una joven hondureña pidiendo ayuda de rodillas porque su novio había sido acuchillado en el tren. Cuando vio todo se ofreció para llevar al chico al hospital en su camioneta, pero una vez que estuvieron en la sala de urgencias, los médicos se negaron a atenderle alegando que era ilegal.

Sin más remedio, tuvieron que llevarlo a casa de Leonila, su madre, y con ayuda de una vecina estudiante de enfermería lo curaron hasta que el centroamericano sanó y siguió su camino. “Siempre imaginé que era Cristo bajando del tren y no se me quita de la cabeza”, confiesa. “Para mí ayudar a esos muchachos es como ayudar a Dios”.

Foto vía: laspatronas.org.mx

Algo que les ha traído problemas con sus propias familias, ya que sus maridos no terminan de entender por qué le dedican tanto tiempo a atender extranjeros en lugar de volcar esa energía en sus propias casas. Sin ir más lejos, algunos de sus vecinos les reclamaron por la basura que generan estos migrantes en su paso por Veracruz.

Otra consecuencia del apoyo a los migrantes han sido ciertos desencuentros que tuvieron con su propia iglesia. El reclamo es que por dedicarle esfuerzo a gente que no habita en Veracruz, se han ausentado de los trabajos pastorales.  “Nuestro principal propósito es ayudar al prójimo. Nunca hemos recibido remuneración alguna que no sean las ‘gracias’ que oímos cada día. Las Patronas nos encontramos sólo a favor de un bienestar común, sin apoyar proyectos particulares, políticos, religiosos empresariales o ningún otro asunto”.

Predican con el ejemplo.

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