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HOLLYWOOD

El día que un cliente le explicó a Fellini cómo hacer un comercial de 30 segundos.

POR Andrés “Pirin” Maino
Foto vía: clubdecreativos.com

Federico Fellini comenzó su carrera como caricaturista y dibujante. Tras un breve paso por la Radio, hizo su primera incursión en el mundo del celuloide como guionista. En 1943 se casó con Giuletta Masina, una talentosa actriz de teatro, quien lo ayudaría a transformarse en uno de los grandes directores de la historia del Cine, dejando firme su impronta en películas como Ocho y medio,Amarcord o la Dolce Vita. Sin embargo, las últimas experiencias audiovisuales las hizo como director de comerciales publicitarios para distintas marcas. Uno de los más recordados fue para la firma Campari y la leyenda cuenta que el cliente le hizo escribir 7 guiones hasta aprobarle el que salió al aire.

Urbano Fellini era un vendedor de licores de la ciudad de italiana de Rímini. El Campari, un popular aperitivo creado en 1860 en Milán, solventaba junto a otras bebidas espirituosas, la cómoda vida de la familia y los estudios de su hijo Federico en el Liceo Classico «Giulio Cesare». Allí, el joven Fellini se destacaba en el dibujo y la caricatura. Cuando terminó la escuela comenzó a publicar sus relatos, viñetas y dibujos en periódicos y revistas.

 

En 1939 Federico Fellini se mudó a Roma y conoció al primer amor de su vida: el cine. El otro gran amor fue su mujer: Giulietta Masina. Musa absoluta de su genial obra. Se inició como discípulo de Roberto Rossellini, uno de los más importantes directores del neorrealismo italiano. En 1951 comenzó a rodar su propia leyenda: La strada, Las noches de Cabiria, La Dolce Vita, Ocho y medio, Amarcord, Ginger y Fred son algunos de los clásicos que lo consagraron como uno de los principales protagonistas en la historia del cine mundial.

Foto vía: eltriunfodearciniegas.blogspot.com.ar

Foto vía: quinlan.it

Sin embargo, las últimas experiencias audiovisuales de Federico Fellini las hizo como director de spots publicitarios. El primero de ellos es de 1984, para la firma Campari, una de las bebidas que vendía su padre. Cuatro premios Oscars y una Palma de Oro no parecían suficientes laureles para el ambiente publicitario. El gran Federico Fellini tuvo que presentarle a Campari siete guiones antes de que lo autorizaran a comenzar el rodaje de su pequeño cortometraje llamado: “Qué bello paisaje”.

Foto vía: sportmediaset.mediaset

Las aventuras comerciales de Fellini no terminaron con Campari. En 1985, dirigió un comercial para la pasta familiar Barilla que siempre la hablaba al ama de casa italiana. Para los años ochenta, los tiempos de austeridad de la segunda guerra mundial habían pasado y la marca necesitaba un nuevo posicionamiento. La trama del comercial sucede en un lujoso restaurante italiano en el que un mesero lee a una elegante pareja de comensales la sofisticada carta del lugar.

Fellini tuvo otra experiencia con la publicidad en 1992, un año antes de su muerte. Ahí realizó tres comerciales en tono onírico para la Banca di Roma, donde trabajó con el actor español Fernando Rey quien interpretó a un psicoanalista. Fellini deja ver en estos últimos spots, que había comprendido cómo canalizar de manera hábil la esencia última de la publicidad, que es la creación de una necesidad a partir del producto anunciado.

El comercial sigue siendo una pieza evocadora de la publicidad que promueve simultáneamente la resolución de conflictos, pero que desenmascara la mentira por excelencia que venden todos los promocionales. Como sea, menos mal que Federico se dedicó al Cine.

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