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INTERVIEW

“Me da miedo dejar de ser un idiota”.

POR Redacción

Chacho Puebla nació en Mendoza, Argentina y luego de un paso por Chile llegó a Leo Burnett Lisboa donde despegó su carrera global, transformándola en una de las top 5 mundial según “Creativity” de AdAge.

Chacho ganó 41 leones en Cannes, hoy es socio de LOLA Iberia y aquí se enfrenta a sus miedos en esta autoentrevista.

  • Www. Uno de los miedos más grandes que tengo, es que nos perdamos la oportunidad de utilizar internet para hacer del planeta un lugar mejor. Yo soy muy optimista y creo que las posibilidades que nos da internet son impresionantes. El hecho de que todos podamos conectarnos, aunque sea por un rato, en algo que sintamos que valga la pena, es mágico. Revoluciona países, denuncia actitudes reprochables, cambia relaciones entre personas y poderes. Si vos tirás de ahí, la sábana se corre de acá. Es muy joven todavía y, como todo lo nuevo, recibe miles de críticas. Especialmente de los que no hacen nada con ella. Como siempre, el cambio lo critican los que no hacen nada. El cambio da miedo, principalmente a los más viejos, porque sienten más de cerca el final. Es natural que lo ataquen. Eso me da miedo. Los viejos intentando regular internet. Ojalá avance más rápido, así no les da tiempo a castrarla más.

  • Hace un tiempo se murió mi viejo. No mucho, todavía duele. A la vez, fue una de las mejores cosas que me pasó en la vida. Un aprendizaje impresionante, la posibilidad de estar con él sus últimos 6 meses y acercarme a un tipo que estaba ahí, escondido detrás del papá. Mi viejo era médico. Neurocirujano micro-vascular. Así le gustaba que le dijera. Además era Doctor, había hecho un doctorado y se sentía muy orgulloso de eso. No todos los médicos son doctores, de hecho casi ninguno. Eso a él le daba cierta seguridad. Cuando ya estábamos en la última fase de su enfermedad, hablamos de qué era lo importante al final. Qué era lo que había valido la pena. La guita? El reconocimiento? El ser Doctor? Qué? Me dijo que nada de eso, que de eso ya ni se acordaba. Que lo importante para él era haber compartido esos momentos en los que ayudaba a alguien. Que lo importante eran las personas. Más allá de títulos, carcasas y posiciones. Me asusta que pocas personas se paren a pensar que se van a morir. Que no piensen que toda esta pelotudez se va a cortar en un momento y la gente te va a recordar, no por el modelo de tu auto, ni por si eras CCO, ECD, DCG, CEO. La gente se va a acordar de vos por lo que hiciste con ellas. Por ellas. Para ellas. Y cuando deje de acordarse de vos, ya no vas a estar. Mucha gente se acuerda de mi viejo. Yo me acuerdo de mi viejo. No del Doctor, sino de José, el tipo que me enseñó a trabajar la madera y a dibujar.

  • Adónde va la publicidad? Siempre que me preguntan eso, levanto el dedo y apunto hacia delante, y digo que como para allá, un poquito más para allá o más para allá, pero que para adelante va seguro. Me da miedo perderme lo que está pasando, mientras discutimos sobre si la publicidad tradicional sigue siendo relevante o si tenemos que dejar todo en manos de lo nuevo. Me da miedo que me hagan elegir y que esa decisión sea inamovible. Me aterra que nos peleemos entre nosotros acerca de si Cannes o los premios son importantes, que tiremos horas y días discutiendo entre nosotros en vez de enfocarnos en entender lo que viene. Lo que está acá y no queremos ver. Ya sé que es un quilombo, que nos sentimos cansados y que todo estaba tan bien como estaba. Qué le vamos a hacer. Es el futuro. No se le puede ganar al futuro. Es como una ola que viene y te agarra. La surfeás o te ahogás. Me da miedo no aprender a surfear a tiempo.

  • Tener que hablar de cómo usamos la televisión me jode un poco. Pero es un tema por el que hay que pasar. Me molesta la tele mal usada. La tele basura. Los comerciales que vomitan briefs. En general hablo mucho de nosotros como especie, porque me parece que si dejamos un poco de lado el pensar en silos, vamos a poder salir adelante. Entendiendo adelante como un lugar en el que todos somos más felices. Me da miedo que cuando hablás así, piensan que estás loco.

  • Spotify es una de las mejores cosas que me pasó últimamente. Antes me daba miedo el no poder ir a todos lados con mi música. Cuando tenía 25 años, había amasado un montón de discos. Tenía cientos. Mi sueño era llenar una pared. Lo logré a base de compra y piratería. Después eso se pasó a MP3 y luego apareció Spotify. Al principio lo odiaba, como se odia todo lo que te saca de tu zona de confort. Después empezó a ser inevitable usarlo. Hoy no puedo vivir sin él. Le tengo miedo a quedarme sin mi Spotify. Me da miedo la gente a la que no le gusta la música. Es como cuando te subís a un taxi y está en silencio. Seguro que es un asesino serial.

  • Otra cosa que me da miedo es el quedarme sin tiempo para hacer todo lo que tengo ganas de hacer. Dicen que ahora vamos a vivir 140 años. Que va a ser normal aguantar mucho. Podré terminar las novelas que quiero escribir? Me alcanzarán los días para finalmente tocar bien algún instrumento? Se me dará que pueda dibujar como siempre quise? Alcanzaré a terminar de poner en marcha esa serie que sé que sería un golazo? Pero pensándolo bien, me da miedo vivir mucho. No quiero ser uno de esos viejos que no se quieren mover al lado. Quizás si me voy a un lugar lejano donde no joda a nadie, puede que lo intente. Sino, no me lloren cuando me muera. Tuve una buena vida.

  • No tenía idea que tener un hijo te podía cambiar tanto la vida. Cuando Simón estaba por nacer, un amigo me dijo: “preparate, tu héroe está por llegar”. Desde que nació y hasta ahora, nadie ni nada es mejor que él. Es imbatible. Me da pánico perderlo. No porque se muera. Me da miedo no poder compartir cosas con él. Dejar de hablar con él. Que me deje de enseñar o que dejemos de pelearnos por quién le muestra a quién mejores canciones o bandas. Es espectacular ver cómo tu hijo es mejor que vos. En todo. El otro día hablábamos de la vida. Me demoré un rato en contarle mi punto de vista sobre cómo funcionaban las cosas a un nivel macro o qué creía yo, qué era importante. Él solo escuchaba. Al final de mi discurso sobre años de aprendizaje, me dice: “pero eso es obvio, papá”.

  • Fuego. Finalmente puedo hablar de mi trastorno piromaníaco. Siempre me gustó prenderle fuego a todo. El fuego es hipnótico. Te hace conectar con algo que está más allá de la rutina. Un buen fogón con amigos. Una buena fogata para un asado. Ese momento en el que se prende la chimenea y te quedás mirando. Atrapado. Pensando. Ahí se van los problemas pelotudos y se queda tu cabeza centrada sólo en cosas buenas. Aparecen esas preguntas que alimentan la curiosidad. Me da miedo la gente que no es curiosa. Que no busca más allá. El que dijo: “la curiosidad mató al gato”, era un tipo amargado. Un tipo que miraba la vida a través de una ventana, con miedo a salir en días de lluvia. La curiosidad hace que la humanidad avance. El problema lo tenemos en el foco. Estamos enfocados en cosas que no son relevantes. No paramos a pensar qué es importante de verdad. Yo tuve la suerte de que me lo enseñara mi viejo. Que me lo marcara a fuego, con su vida.

  • Idiota. Me da miedo dejar de ser un idiota. Creo que he alcanzado ese puntito justo de idiotez que todavía me hace querible. Siempre admiré a los tipos duros. A los que todo les chupa un huevo. Esos que fuman un cigarrillo y tiran una frase matadora, provocando que todos digan: “Ooooooh”. Nunca me salió. Primero porque no fumo, y segundo porque mis frases matadoras no matan a nadie. Me da miedo dejar de intentar entenderme. Paso mucho tiempo investigándome, pensando en por qué hago lo que hago, pienso lo que pienso y siento lo que siento. A los tipos duros eso parece no importarles. Para ellos es una idiotez. Vinieron a este mundo sabiendo. A mí me da cagazo saberlo todo. Una de mis pesadillas es que venga un ser mágico y me diga: “mirá, esto funciona así”. Y que en cinco minutos me lo explique todo. Pero todo, todo. ¿Qué hago después? Prefiero seguir siendo el que cuando pregunta, muchos piensan : “De que se ríe este idiota?”.

  • Racionalmente no le puedo encontrar mucho sentido a la solemnidad. Entiendo que pone unos límites, pero de ahí a que sea una religión, me parece una pérdida de tiempo. Me da mucho miedo quedarme atrapado en la forma más que en el contenido. Soy hincha del concepto, más que de la ejecución. Fer Bellotti me marcó ese camino y se lo voy a agradecer toda la vida. Me encantan los pensamientos que hay detrás. No me gustan mucho los espejitos de colores. Por eso me dan miedo los tipos de traje caro. Porque quieren que te enfoques en eso y no en lo que hay detrás. El otro día nos estaban dando una clase sobre lo bien que lo habían hecho algunas compañías. De por qué eran casos de éxito. De su expansión, de su crecimiento, de su profit constante. Me puse a ver cuánto tiempo llevaban esas empresas funcionando. Ninguna pasaba de los 200 años. Mientras el tipo hablaba y hablaba, fui a google y busqué cuál era la empresa más vieja del mundo. Porque si íbamos a aprender de alguien, por qué no hacerlo de los que llevan creciendo mucho tiempo, no? Bueno, la empresa que lleva más tiempo funcionando es un hotel: Nisiyama Onsen Keiunka. Está abierta hace 1300 años. Mil trescientos años. No crece, no abre sucursales, no se amplía, no genera otra cosa que no sea lo que les gusta hacer. Hace 49 generaciones que esa familia de japoneses vive así, y podría deducir que no tienen planes de cambiar. Cuando le pregunté al profesor por qué no estudiábamos eso, se rió. Todos se rieron. Después se produjo un silencio.

  • Espero que no me pase el quedarme atado al pasado. Me da miedo quedarme en lo que hacía antes. En mis viejas glorias. En lo que fui. Me da miedo dejar de probar cosas nuevas. Cosas que me dan miedo. Cosas que no sé como van a salir. Me da miedo achancharme, a pesar de que la panza no deja de crecer. Me cago en las patas de verme haciendo esto mismo toda mi vida. Y te digo la verdad, me da miedo que no les guste lo que escribo. Porque me gusta cuando a la gente le gusta lo que hago. Me da fuerza y hace que esos miedos no me paralicen.

    Chacho Puebla.

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