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INTERVIEW

“Me he sentido un inmigrante, desde mucho antes de llegar a los Estados Unidos”.

POR Redacción

Aldo Quevedo nació en Cuernavaca, trabajó en el DF y hace 20 años se fue a EEUU persiguiendo a su actual mujer. Pensó que era por unos días, pero se quedó para siempre. Lo bien que hizo.

Es el primer mexicano en ganar un León en Cannes, fundador del Círculo Creativo y el próximo Chairman de AHAA. Bienvenidos a otra entrevista sin preguntas.

  • Wow. En un abrir y cerrar de ojos se me pasaron 20 años en Estados Unidos. Y pensar que todo comenzó con la historia romántica cliché: Boy meets girl. Boy chases girl hasta otro país. Ella vino a estudiar inglés a Texas después de acabar la universidad, y yo venía a visitarla cada que podía. En uno de esos viajes me entrevisté con una agencia y ese fue el principio de mi capítulo en Dallas, siguiendo a mi novia (ahora esposa obviamente), en lo que sigo considerando un placer, más que un trabajo. Y después de muchísimos proyectos, dos agencias (tres, pero la primera no vale la pena ni mencionar), miles de risas, millones de gotas de sudor, decenas de amigos, cuatro hijos y unas cuantas anécdotas impublicables, me sigo divirtiendo como el primer día. Tratando de no perder la curiosidad y el asombro por lo nuevo, o buscándole nuevos ángulos a las cosas de siempre. Y cuando uno lo piensa de pronto, no queda más que decir eso: Mierda, ¡V E I N T E   A Ñ O S!! Por eso prefiero decir: Wow.

  • Hambre. Es lo que nos mueve. No hay peor cosa que un estómago lleno, para matar las ganas de moverse, de mantenerse activo, de hacer cosas. Las mejores poesías, novelas o pinturas fueron y siguen siendo creadas por gente con hambre. Esa misma tentación se encuentra en este negocio, en mi opinión. La gente que se llena la panza hasta el hartazgo, la que lee sus propios encabezados en la prensa, la que cree que ya llegó, es precisamente la que sufre de la modorra de la indigestión. Este es el consejo que me dio un muy buen amigo al comienzo de mi carrera: Nunca comas de más. Ni en las buenas ni en las malas. Cabe aclarar que no era publicista.

  • A huevo.Los que me conocen desde hace mucho, saben que esta es una de mis expresiones favoritas. Posiblemente la uso por lo menos diez veces al día, tal vez más. Y para mí, tiene mucha fuerza. Por eso la respeto, contradictoriamente. La frase es una afirmación contundente. Por ejemplo, cuando se logra algo echándole ganas desde lo más profundo de tu ser. Es algo que te sale desde los cojones y que desafía al mundo entero. Sin miedo. Sin echarse para atrás. Como debe ser. Y solamente la uso cuando algo está bien hecho. Cuando se aprueba una idea que nos hace sentir incómodos a todos. Cuando no se suponía que en Estados Unidos Latino se pudieran hacer buenas ideas. Cuando reconozco que la gente con la que trabajo es infinitamente mejor que yo. Cuando parecía que no, pero sí se pudo. Cuando le buscamos los tres pies al gato, y se los encontramos. Irremediablemente no hay otra expresión que capture mejor ese momento. Además, es la respuesta a la eterna pregunta: ¿A qué sabe el pan de huevo?

  • Te vas a caer niño. Esa era una de las expresiones favoritas de mi abuela Lolita. Y sin querer, siempre tuvo el efecto contrario en mí y en mis hermanas. “¿Ah sí? Te voy a demostrar que no.” ¿No les ha pasado? Porque así es la vida. Si quieres que tu hija no ande con ese patán, lo peor que puedes hacer es retarla y prohibírselo. Uno necesita ser un poco rebelde en este medio. Digo un poco, porque si eres totalmente rebelde te vas al carajo muy rápido. Hay que saber cuándo y cómo. Como ejemplo, a mi abuela nunca la contradije directamente. Y sin embargo de vez en cuando no puedo evitar recordarla usando su mandil, diciéndome esas palabras que siempre me alentaron a seguir más alto. Me caí bastantes veces, por cierto. Pero así aprende uno.

  • Siempre con los ojos bien abiertos. Es el mejor consejo que le puedo dar a alguien que quiera dedicarse a la publicidad. Porque para aprender muchas cosas hay una gran diferencia entre ver y observar. Y no hablo nada más de la vida en la agencia, en las juntas con clientes o reuniones internas. Eso es muy fácil. Creo que es más importante observar fuera de la oficina, en la calle. Nunca he entendido el comportamiento de mucha gente en Estados Unidos, que comen a las carreras en su escritorio para regresar a lo que estaban haciendo cuanto antes. No hay nada como salir a la calle, cambiar de escenario, ver otras cosas, recargar pilas, hablar de cualquier cosa y sobre todo observar lo que está alrededor. Lo mismo aplica a escuchar. Cuando uno escucha más que lo que habla, inmediatamente lleva la ventaja sobre los demás. Suena tan fácil, pero desafortunadamente en este negocio no hay tantos observadores, y hay demasiados habladores.

  • Oro. En Cannes y en la cuenta de banco. Lo que todos buscan. No digo que esté mal, pero es muy probable que muchos manejen los conceptos cambiados, porque cuando realmente te gusta lo que haces y le pones todo lo que tienes, la recompensa debería venir como resultado, no como objetivo.

  • No sirves para esto de la publicidad. Después de analizar mi currículum en menos de dos minutos, esa fue la evaluación que me dio un Director de Cuenta que me entrevistó para entrar a su grupo como trainee, hace mil años en México. Cabe mencionar que yo tenía 20 años, estaba recién graduado de la universidad y vivía en Cuernavaca. Le agradezco infinitamente no haberme contratado. Pero me recordó aquello que siempre me decía mi abuela.

  • Facebook. El hoyo negro. Absorbe el tiempo y la energía que nos rodea. Como dice la campaña de Gandhi en México: “Menos Face y más book le hace bien a cualquiera. A menos de que estés leyendo la columna What’s on FiRe en el blog de Rodrigo. Entonces, es muy buena inversión de tu tiempo.

  • Inmigrante. Así me he sentido desde mucho antes de llegar a Estados Unidos. Como les contaba en la N, soy de la capital del estado de Morelos, Cuernavaca, que está a menos de 100 km del DF. Cuando entré a Ogilvy, fui inmediatamente etiquetado como “Guayabo”. Ese es el termino que se utiliza para la gente de Morelos. Pero cuando regresaba a Cuernavaca los fines de semana, era automáticamente catalogado como Chilango, por trabajar en el DF. Así nunca fue extraño para mí el hecho de ser el de México, el Mojado, el Texano, el de Dallas por Detroit, el Gringo y algunos otros apodos que seguramente no me he enterado todavía. Por cierto que para la gente de México que vive en Estados Unidos, sigo siendo el Chilango, por el tono que tengo al hablar. Claramente no se le puede dar gusto a nadie.

  • Richards/Lerma. Mi casa. Creo que todas las experiencias que hemos vivido durante nuestra vida, todos los tropiezos y aciertos, son la mejor preparación y enseñanza para lo que estamos viviendo hoy. Y el hoy es lo que cuenta, porque es lo único que tenemos en nuestras manos. Suena a otrocliché, pero es cierto. El problema es que solamente logramos entenderlo después de que ha pasado el tiempo.

  • Elegir. En la vida siempre tenemos la opción de escoger cómo reaccionar a todo lo que nos pasa. Yo he tenido la fortuna de haber elegido bien casi en todas las cosas importantes. A veces no, y pues ni modo. En esos casos, elegí no desperdiciar horas arrepintiéndome o amargándole la vida a los que me rodean con mi mala vibra. En una ocasión, como parte del jurado del Radio Mercury Awards tuve el honor de conocer a Mike Hughes, Presidente y Director Creativo de The Martin Agency. No recuerdo cómo salió el tema, pero me dijo algo que nunca se me olvidará: “si los creativos redujeran a la mitad el tiempo que pierden quejándose, serían más productivos. Y más felices.” Pruébenlo, es una muy buena elección.

    Aldo Quevedo.

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