SUSCRIBIRSE

INTERVIEW

"Facebook es como el buffet de las oficinas o la vereda a la que salen a fumar los empleados".

POR Editorial

Lily Ann Martin creció en el mundo de la Publicidad y hoy es una de las guionistas de Cine y Televisión más reconocidas de habla Hispana, con muchos éxitos de rating y taquilla. 
La remake de su película “Elsa & Fred”, se estrenó en Marzo en Miami, protagonizada por Christopher Plummer y Shirley Maclaine 

  • Whisky. La primera palabra en la que pienso cuando veo una doble ve, a lo mejor por culpa de mi sangre irlandesa. A veces pienso que el mundo podría dividirse entre tomadores de whisky y tomadores de vino. Y las diferencias entre ellos son las mismas que las que hay entre ambas bebidas. Yo, como es fácil suponer, pertenezco al primer grupo, así como la mayoría de mis amigos, tanto hombres como mujeres. Lo que me gusta del whisky es que te conquista de a poco, nunca es un amor a primera vista. En general la primera vez que probás te da asco, o te parece demasiado fuerte o te raspa la garganta. Como muchas cosas de la vida, para disfrutar del whisky hace falta creer en él, darle tiempo. Reincidir. Pero vale la pena. El whisky tiene otra ventaja para mí y es que, a diferencia del vino o la cerveza, no te da sueño. Por eso es un fiel compañero a la hora de quedarse escribiendo hasta tarde. Me acuerdo que hace unos cuantos años escribí un largo con una amiga guionista. Era un guión a pedido y bastante delirante porque el que podríamos llamar “brief” era un tanto absurdo y había que combinar los deseos de varios a la vez: uno de los productores quería hacer una road movie, el otro productor soñaba con un drama, el director quería filmar un largo video clip o una comedia musical, etc. La única manera de escribir ese guión era humedecer las neuronas y sumergir en whisky sus 120 páginas y así lo hicimos. Unos meses después, se estrenó la película -que era un producto absolutamente comercial- y fue un éxito de público. Pero las críticas nos defenestraron con justa razón. Una de ellas, la de Página 12, comenzaba diciendo justamente: “No sabemos qué habrán tomado las guionistas de esta película, pero..” Bueno, a veces Johnnie Walker, a veces Jameson.

  • Hamlet. Cuando alguien me pregunta cómo es eso de escribir un capítulo por día para una tira, siempre me acuerdo de Hamlet y de la famosa frase de Polonio en el Acto II: “Hay método en su locura.” Para escribir una tira diaria se necesitan las dos cosas: locura y método. Sin locura no hay ideas, ni creatividad, ni ingenio; obviamente el objetivo es entretener a la gente cada noche y lograr que todos se enganchen con la historia y los personajes. Que se diviertan, se identifiquen, se emocionen. Pero toda esa locura creativa debe estar enmarcada en un método muy riguroso que es el que te permite cumplir con los plazos de entrega, la cantidad de escenas, las necesidades de producción, los límites del presupuesto, la restricción en cuanto a locaciones, los requerimientos de los actores y un larguísimo, larguísimo etcétera. Lo mismo sucede en la publicidad, el cine y supongo que cualquier otra actividad en la cual el arte en definitiva se combina con el negocio.

  • Ayer Vazquez. Dicen que siempre se vuelve al primer amor. Y eso representa esa agencia para mí. De todas las agencias de publicidad en las que trabajé me llevé muy buenos recuerdos, de todas, en serio. Y en la mayoría hice amigos que conservo aún hoy, décadas después. Pero la agencia del “Cabezón” (como le decíamos a Jorge Vázquez) es la que ocupa el lugar más especial de mi corazón. En rigor, no fue la primera agencia en la que trabajé, pero si fue la primera a la que entré a trabajar haciendo lo que más me gusta en la vida: escribir. A lo mejor a los 21 años el puesto de Redactora en la que pronto se iba a convertir en la agencia número uno en facturación de la Argentina me quedaba un poco grande, pero también eran enormes mis sueños, mis ganas y mi ambición, y con el tiempo me sentí tan cómoda en esa agencia que fui y volví nada menos que tres veces. En una de esas tantas idas y vueltas, terminé casándome con el que entonces era el Director Creativo, Marcos Carnevale, con quien tengo dos hijos. Estuvimos casados nada menos que 20 años y hoy, ya separados, somos muy buenos amigos y seguimos trabajando juntos. Ah, Jorge Vázquez fue el padrino de nuestra boda.

  • Televisión. Cada vez menos caja (los nuevos son muy flaquitos y livianos) y cada vez menos boba (de hecho ya son “smart”). Me abisma ver los cambios que ha sufrido la pantalla en apenas unos años desde que me pasé de la publicidad a la tele. En el año 2010, el capítulo final de la telenovela que estaba escribiendo, Valientes, hizo 34, 4 puntos de rating y su promedio anual (27, 4) la convirtió en la ficción más exitosa de la historia de Pol-ka. Hoy esa cifra es impensable para una tira. La televisión cambió mucho y también cambiaron los hábitos de la gente. Hoy la serie que te gusta la podés mirar en la compu, a la hora que quieras cuando quieras. El capítulo que sale al aire esta noche y que te perdiste porque tuviste que salir, mañana lo ves en la página web del canal. Y sin tanda publicitaria. La serie que te recomendó un amigo tuyo que vive en Connecticut o en Barcelona y que los canales locales jamás van a dar, la podés ver ahora mismo en tu notebook. Y las veces que quieras. Tirado en tu cama te podés conectar a Internet desde tu smart tv y ver el programa que se te ocurra como si fuera una computadora. Los canales de cable también te ofrecen la posibilidad de ver on demand tus programas, alquilar una película sin necesidad de ir a un video club, grabar tus capítulos favoritos, etc. etc. Ya casi no hay limites entre las pantallas, como no hay fronteras ni horarios. Y todo eso sin mencionar el fenómeno Netflix y el éxito de su impecable House of Cards. Entonces: ¿dónde está el televidente? ¿Qué está mirando? ¿Cómo lo mido? ¿Dónde lo encuentro? ¿De qué forma lo convenzo de sentarse cada noche a mirar mi programa? ¿Cómo le vendo una mayonesa? Tremendo desafío para los que trabajamos en esto. Hay que estar atentos.

  • Sinnot, Eduardo. Profesor de Latín, Griego, Filología, Literaturas Clásicas y Filosofía en la Facultad de Letras. El hombre más inteligente, culto y erudito que conocí en mi vida. Al principio a todos los alumnos nos costaba congraciarnos con él porque dictaba las materias más difíciles de la carrera y además su fama de profesor extremadamente exigente lo precedía tanto en la Universidad del Salvador, como en Lomas de Zamora y en la UBA. Pero a medida que íbamos asistiendo a sus clases no había manera de no terminar fascinados tanto por los contenidos de sus materias como por él como personaje. Es, sin duda, el profesor más admirado y querido en todas las universidades en las que da clases (hasta tiene su propia fan page que le abrieron algunos alumnos). Siempre recuerdo la traducción simultánea de La Ilíada de Homero que él hacía oralmente directo del griego como quien dicta la receta de un bizcochuelo. Y cuando copiaba en el pizarrón o dictaba algún largo párrafo en latín para que lo análizáramos en clase, siempre decía: “El siguiente texto no reviste ninguna dificultad.” Y todos sentíamos que nos estaba tomando el pelo.

  • Oliverio Girondo. Uno de mis escritores favoritos. Si todavía no lo leyeron, no se lo pierdan. Enorme poeta, su sentido del humor y su ironía (al mejor estilo Oscar Wilde y Bernard Shaw) adelantan varios años. En 1932 para apoyar el lanzamiento de su libro Espantapájarosse le ocurrió hacer una extraña campaña publicitaria. Hizo una réplica en papel maché del «espantapájaros-académico» que el pintor Bonomi había diseñado para la tapa del libro y lo subió a una carroza coronaria -de esas que llevan las flores y van detrás de los coche fúnebres- tirada por seis caballos, con auriga, lacayos y todo. Además, alquiló un local en la calle Florida donde algunas mujeres atractivas se ocupaban de vender el libro. Obviamente la movida fue un éxito y el libro se agotó en un mes.

  • Nací en Madrid, pero no soy española sino irlandesa como mi padre. Mi madre era argentina, pero mi infancia transcurrió en La Paz y Bogotá, entre otras ciudades. A veces creo que, como diría la canción, “No soy de aquí ni soy de allá”. Pero el hecho de haber pertenecido a una familia nómade tuvo en mí dos efectos paradójicos: por un lado, adoro viajar, conocer lugares nuevos, costumbres y culturas; pero por el otro, me cuesta adaptarme a los cambios y disfruto cuando puedo lograr una cierta estabilidad o continuidad en el tiempo. Quizás sea por eso que me gusta que mis hijos vayan al mismo colegio desde jardín de infantes y durante toda la primaria (cosa que yo nunca pude hacer), sobre todo para que puedan conservar a los amigos a través del tiempo.

  • Facebook. Para mí es como el buffet de las oficinas o la vereda a la que salen a fumar los empleados en sus smoking breaks. El trabajo como guionista puede ser muy solitario. Si bien es cierto que algunas veces tenemos la suerte de trabajar en equipo con otros autores, en otras ocasiones nos pasamos muchas horas o días enteros sentados frente a la máquina escribiendo solos, y las únicas voces que escuchamos son las de los personajes en nuestra cabeza. Conectarme a Facebook es un recreo, el permiso para  interrumpir un rato el trabajo y chatear con algún amigo que en ese momento también “esté verde”, como quien se toma un café con un compañero de oficina o aprovecha la coincidencia en el pasillo o en el baño de la agencia para ponerse al día.

  • Inspiración. No hay que esperar que llegue la musa. Hay que buscarla, perseguirla, forzarla a aparecer. Es como un músculo, se entrena y se fortalece con la práctica. Por eso nada de pánico a la hoja en blanco. A veces sólo es cuestión de arrancar y luego dejarse llevar. Y como bien dice el clishé, la inspiración es sólo el 1%. El 99% restante es transpiración.

  • Roma. Era una noche de primavera en el hemisferio norte. Exactamente el 2 de abril de 2005. Llegábamos en un vuelo desde Madrid con el equipo de filmación completo y todo listo para rodar las secuencias de Elsa & Fred que transcurren en esa hermosa ciudad. Al día siguiente nos esperaba una visita a la Fontana di Trevi, donde íbamos a filmar la famosa escena de homenaje a La Dolce Vita de Fellini. Salíamos de la manga del avión de Alitalia en el aeropuerto de Fiumicino. Adelante nuestro caminaban los productores españoles, los productores argentinos, los actores China Zorrilla y Manuel Alexandre, el director de fotografía, los técnicos, vestuaristas, iluminadores, etc.  Me acuerdo que en ese momento lo agarré a Marcos del brazo y frenándolo un poco para que aminorara la marcha, le dije: “¿Ves toda esa gente? Pensá que están acá porque vos un día escribiste en la compu: EXTERIOR. ROMA. DÍA.” La magia del cine nos sacudió a los dos. Cuando salimos del aeropuerto nos encontramos con la ciudad totalmente convulsionada e invadida. ¿Les dije que era el 2 de abril de 2005? Juan Pablo Segundo se acababa de morir.

  • Escribir es lo que más divertido que sé hacer sin sacarme la ropa, podría decir parafraseando la célebre frase de Closer. Cuando tenía más o menos 8 años arrinconé a mi madre en la cocina y le dije que no quería ir más a la escuela. Que ya no tenía ninguna necesidad porque ya había aprendido todo lo que quería saber. Mi mamá me miró con ojos desorbitados y me preguntó de dónde había sacado esa idea tan absurda. Le contesté con absoluta certeza que ya sabía leer y escribir y que era a lo único a lo que me iba a dedicar en mi vida. Obviamente, mi madre me sacó la ocurrencia a chancletazos y al día siguiente fui al colegio puntualmente como Dios manda. Pero hoy, cuarenta años después y con un par de títulos, carreras y cursos a cuestas, podría decir que de alguna manera esa nena tenía razón.

Lily Ann Martin.

  • ¿ESTA NOTA TE GUSTÓ
  • votos_r1_c1_s1
  • votos_r1_c1_s1
  • votos_r1_c1_s1
  • votos_r1_c1_s1
  • votos_r1_c1_s1

COMENTARIOS