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INTERVIEW

“Me subo a un taxi y descubro a mi papá al volante. El también hubiera querido trabajar como creativo”.

POR Editorial

Después de trabajar en JWT, DDB y Saatchi & Saatchi en Argentina, Pablo Buffagni se fue a vivir a USA en 2000. Pasó por Bromley, Conill, Grupo Gallegos y hace unos meses abrió BBQ, su propia agencia.En estos 15 años Pablo ganó importantes premios, pero sobre todo, el respeto de la comunidad hispana en los EE.UU

  • Wazari. Practiqué Judo por casi 20 años. Con un Ipón, punto perfecto, uno ganaba la lucha inmediatamente. Wazari, sin embargo, significaba que a la marcación le había faltado algo para que fuera una victoria rotunda. Como creativo logré muchos Wazaris pero sólo algunos Ipones. Siento que eso está muy bien, porque si todos fueran Ipones, se acabarían las ganas de seguir intentándolo (anécdota tonta: mientras escribo esto, mi Mac se empeña en auto-corregir “Ipón” y poner “Iphone” (me pregunto si pasaría lo mismo con una PC).

    Home. Significa “casa” pero también “tu lugar en el mundo”. Cuando uno emigra, al principio es confuso (no el concepto de “home” sino tratar de entender dónde está tu lugar). Una vez estábamos hablando del “no soy de aquí ni soy de allá” con mi mujer en un restaurante de Buenos Aires y descubrimos a Facundo Cabral en la mesa de al lado. Nos reímos y estuvimos charlando un rato con él del asunto. En ese momento, por más que ya nos habíamos mudado a Estados Unidos unos años antes, costaba sentirlo como “home”. Hoy ya no es tan así. Hoy es como un “soy de aquí y soy de allá también”.

  • Argentina. Maravilla y tristeza. Orgullo y mochila. Talento y chantada. Riqueza y miseria. No puedo evitar verte cada vez mejor y cada vez peor.

  • Taxis. Yendo a Lautrec Saatchi & Saatchi en San Telmo, el taxista reconoce la dirección en cuanto se la digo y todo el viaje me cuenta que en realidad estudió publicidad y le encantaría trabajar como creativo; no me cobra. Volviendo de Lautrec una noche, en otro taxi, me quedo dormido todo el viaje hasta Palermo (¿correría ese riesgo hoy?); cuando llegamos, el chofer me dispara un “¡Gracias por la compañía!”. Corte a mediodía torrencial, caminando sobre el agua para llegar a un frilo (freelance), me subo a otro taxi en la esquina de Bolivar; cierro el paraguas y descubro a mi papá al volante. Él también hubiera querido trabajar como creativo. Tampoco me cobra.

  • San Antonio, Texas, 1999. Entrevista de trabajo en Estados Unidos. Patio con piso damero de una casa que se parece a la de El Zorro. Con un loro a su lado y sentado en un sillón de mimbre como el de Julio Iglesias, Ernest Bromley describe el mercado hispano y el mercado total. Menciona a Selena (no Gómez, Quintanilla), a Ricky Martin, a Coca-Cola. Murmura cosas en inglés, en español y en una mezcla de ambos. Desliza “crossover” en alguna oración. Se emociona con el Estados Unidos multicultural, el “new America” y la oportunidad para las marcas y las agencias. El loro canta y me despierto. Ernest me está cantando el futuro.

  • Ocala, Florida, 1997. Primera producción en Estados Unidos, un par de años antes de aquella entrevista (todavía no tenía ni idea de que luego vendría para quedarme). Estamos maravillados por rodar en el primer mundo. Vinimos desde Argentina porque la protagonista es una jirafa y no encontramos jirafas actrices sudamericanas.  El otro protagonista es el hombre que maneja el camión (en la historia, la jirafa se va a estrellar contra un puente pero se salva a último momento). Nos presentan las opciones de casting. Yo buscando a un Indiana Jones y me traen todos tipos bajitos, de tez trigueña, muchos con bigotes. No entiendo nada. El comercial era para Argentina, pero en USA pensaron que era un comercial “hispano” y trajeron lo que ellos entendían como un buen casting para el segmento. El primer mundo estaba lleno de estereotipos. Yo termino usando de actor principal a quien iba a ser el doble.

  • Nigeriano. El tipo era uno de los capos de una raspadita que se vendía en Argentina y era nigeriano. No hablaba ni una palabra de español y le tuve que presentar una campaña en Buenos Aires. Lo recuerdo con un traje violeta. Nunca supe quienes eran sus socios. En esa época yo pagaba la renta haciendo freelance para juegos de azar. No preguntaba nada. Hacía mi trabajo, limpiaba las huellas digitales y volvía a la agencia (en taxi).

  • Francisco. Él sí habla español y bien argentino. Tuve la chance de saludarlo en persona el año pasado. Diez minutos antes, él había pedido “recen por mí”. Cuando me acerqué, en lugar de hablarle de San Lorenzo, le mandé un “mire, yo en realidad no rezo, pero si quiere por usted rezo un poquito”. Con una carcajada, me contestó “Tiráme buena onda que con eso alcanza”. La mejor onda para este Papa.

  • Italia y Francia, viaje ping-pong. Fue en el 2010, cuando ganamos un León de Oro en Film y estando en Cannes me enteré tarde, ya saliendo en avión para Roma a encontrarme con mi familia para las vacaciones. Terminé manejando de vuelta a la Riviera Francesa por la costa un día entero, yendo rapidísimo por unas rutas increíbles y portando la mejor sonrisa todo el viaje, hasta llegar al Palais y subir por el premio. La sonrisa seguramente la captaron las cámaras de la frontera con Francia, ya que me hicieron llegar varias multas en Euros.

  • Roma, en un viaje más reciente, me dictó esto: “Muchas de las plantas aunque no sé los nombres. El sonido de las bocinas de fondo. La comida, hasta en el aire. Las cortinas, las ventanas, las antenas. Algún que otro grito. Las veredas y los empedrados. El condimento para la ensalada. Los “buenos días” y los “buenas noches” (con subtítulos). Las señoras con sus bolsitas de compras. Los cucuruchos. Los graffitis. Los ceniceros. Las goteras. Las palomas. Las campanas. El ruido de la vajilla en el pulmón de manzana. La nostalgia de un lugar donde, sin embargo, nunca viví.”

  • Entusiasmo. Se encendió nuevamente con BBQ. Ya metimos algunos Wazaris y estamos preparándonos para el Ipón. Además, qué lindo es empezar el fueguito desde cero y poner lo que uno quiere a la parrilla. Material para charlar junto a las brasas sobra, hay mínimo un tema por cada letra del abecedario.

    Pablo Buffagni.

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