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INTERVIEW

“Cómo me hubiera gustado tener un iPhone, cuando George W. Bush me presentó a Chuck Norris”.

POR Editorial

Después de 17 años de haber creado LatinWorks y llevarla a lo más alto que pueda llegar una agencia hispana en los Estados Unidos, Sergio Alcocer hoy disfruta el desempleo y la sensación del punto y aparte. Publicista y melómano, enamorado de su mujer, “les recomiendo a todos que renuncien, porque es muy bueno volver a empezar” nos cuenta en esta nueva entrevista sin preguntas 

  • Who, what, when, why. 23 años en Estados Unidos. Increíble. Entregado al Imperialismo yanqui, pasé a ser graduado en Ciencias Políticas en la Universidad Nacional Autónoma de México en donde leí hasta el cansancio los tres tomos de El Capital, en la era en que la Unión Soviética aún era una potencia. ¿Quién iba a decirlo? Me trajo el Rock’n’Roll, el sueño de vivir en Nueva York y la ilusión de ir a conciertos: Rock, jazz, blues, lo que fuera.

  • En el México y la América Latina de los setentas y ochentas, no había grandes bandas en vivo. Conseguir buenos discos era un martirio. Tenía mis prioridades claras. Acepté la oferta de trabajo de una agencia hispana de la que nunca había escuchado, a cambio de vivir en la capital del mundo. Vi todo: Nirvana, Lou Reed, Bowie, Steve Lacy, Ornette Coleman, Mal Waldron, Suede, Cramps, Pere Ubu, Iggy Pop, Happy Mondays, Portishead, Gong. Me enamoré de la Ópera, de Broadway y del off Broadway, de las librerías de viejo, de los after hours antes de que los cerrara Giuliani y de los que abrieron a escondidas después de él. También me enamoré del Harlem, del Bronx y de Brooklyn. Dicen que Nueva York no tiene punto medio: lo amas o lo odias. Sigue siendo el lugar en el que más cómodo me siento.

  • Hispano. Fue precisamente en Nueva York que me enamoré del mundo hispano. El dueño de la agencia a la que llegué, Castor Fernández, fue uno de los que inventaron este mercado en los años sesenta. Aprendí mucho con él. Recorrí el país entero. Viví la calle, los barrios latinos, hablé con la gente y me contagie de las ganas de contar sus historias, de rescatar su “mugre”, de darles voz en los medios. Mis hijos nacieron en Nueva York y a través de ellos vivo lo que es ser Hispano nacido en este país, tener lo mejor y lo peor de los dos mundos, no tener que escoger entre ser uno u otro.

  • Austin. Me mudé a esta maravillosa ciudad con inmenso dolor de dejar la gran manzana. Pero de nuevo me jaló la música  y el reto de comenzar LatinWorks de cero. En Austin encontré un oasis en el centro de Texas, una ciudad con una gran calidad de vida, cuna de SXSW, al que he asistido sin falta 18 años consecutivos. Austin, la tierra de los 13th Floor Elevators, Scratch Acid y Stevie Ray Vaughn. En Estados Unidos eliges dónde vivir, porque el país no está centralizado y los clientes están dispersos en los lugares más pintorescos: Saint Louis, Missouri, Omaha, Nebraska, Des Moines, Iowa, Appleton, Wisconsin (de ahí venía Houdini y ahí queda Kimberly Clark). Austin se pusó de moda hace poco, pero siempre ha tenido una gran vibra.

  • T’s. Austin tiene las tres t´s que el sociólogo Richard Florida (lectura imprescindible) marca como esenciales para definir una ciudad creativa: Tolerancia, Talento y Tecnología. A grandes rasgos: Policía tolerante y costos de vida bajos para atraer talento que genere valor en una ciudad.

  • Se acabó lo que tenía que hacer en LatinWorks a finales de Octubre. Dejé la agencia después de 17 años. Estoy orgulloso de lo que logramos y extraño ver a mis amigos todos los días. Pero hay que moverse. Creo en quemar las naves como Hernán Cortés. En sacudirte la comodidad. En boicotearte a ti mismo cuando caes en la rutina. Nada me da más energía que empezar otra vez. Tenía pánico de morirme y ser “el de LatinWorks”. Lo mejor está por venir.

  • Odio la nostalgia. Soy inmune a ella. Tengo la suerte de haber vivido los tiempos que me han tocado. Soy parte de una generación única en la frontera tecnológica. He vivido y trabajado con algún éxito en el antes y el después. Estudié en la Universidad sin computadoras. Leyendo libros en bibliotecas. Haciendo investigaciones sin Google ni copy paste. Ensuciándome los dedos con papel carbón. Ya trabajaba en agencia cuando llegó el primer Fax. Era mágico. No éramos menos de treinta personas alrededor de la máquina viendo cómo lenta y ruidosamente salía una carita feliz que nos mandaban desde la oficina en Chicago. Luego la Mac con sus Flip-disc y todas las tipografías del mundo sin necesidad de cemento y letraset. La red, el cambio de siglo, el iPod y la posibilidad de tener miles de canciones en la mano en vez de viajar con un estuche de 40 cd’s. Lo que aprendí en la era análoga, me dio las herramientas para curar el exceso de información de hoy, pero aún así prefiero Google sobre las fichas bibliográficas, prefiero el futuro sobre el pasado. Ojalá, eso sí, hubiera existido un teléfono con cámara cuando George W Bush me presentó a Chuck Norris.

  • Norris? Chuck Norris? Historia real. Bizarrísimo. Cómo me hubiera gustado tener un iPhone en ese momento. Fotón. También lamento nunca haber grabado a mi Madre. Murió en 1991 y no la tengo en video o audio. Gran error. ¡Graben a sus viejos! Ese es mi consejo. Me gusta perder el hilo y comenzar a hablar de otra cosa. Hace algunos años estuve en Dentsu Tokyo en una conferencia con Akira Kagami. Nos habló un par de horas sobre el modelo de trabajo de la agencia, nuevas tecnologías del momento, el modelo Kaizen de produccíon y un montón de cosas técnicas. Al terminar la charla el moderador le preguntó a Akira si quería cerrar con algún último comentario. Akira lo pensó unos 20 segundos y dijo: “No tengan expectativas sobre sus hijos. Destruye la relación”.Así, de la nada y totalmente fuera de tema. Es lo que más recuerdo de la charla.

  • Fantástico. Llevo 8 años estudiando nuevamente, entre Maestría y Doctorado, y me ha volado la cabeza. Estudien. Es divertidísimo.  Pero no publicidad, sería redundante. Estudien algo que no sepan. Saquen el tiempo. Yo estudio antropología social de lo cual no sé nada. Soy el más tonto de mi generación. Estoy rodeado de expertos en temas que desconozco pero que forman e informan la forma en que encaro el trabajo. Los publicistas tenemos ya que ser un poco menos publicistas, más sociólogos, antropólogos, ingenieros, psicólogos. La publicidad es muy incestuosa. Nos la pasamos hablando de publicidad con publicistas. Falta agregarle a nuestra forma de pensar otros puntos de vista.

  • Interesante. En algún lugar leí que David Lynch le daba a su fotógrafo instrucciones con música.“Quiero que esta escena se vea como suena esto” y ponía una sinfonía de Shostakovich. Gran brief. La música es el lenguaje más poderoso del mundo. Siempre tengo música en la cabeza (supongo que mejor que escuchar voces). Mi padre era un aficionado serio al Bop y al Jazz de avanzada. Crecí entre saxofones estridentes y Zappa. Amo los discos y tengo unos cuantos. No tengo ningún problema con la música digital y Spotify es una genialidad porque te permite la inmediatez, pero el vinilo como objeto es precioso.

  • Recientemente abrí con unos amigos una boutique de vinilos en el DF: Discos Mono. Una tienda que curamos de manera obsesiva. Jamás será negocio, pero me genera muchísima alegría pasar ahí un par de días al mes y ver la cara de la gente al escuchar algo que no conocían. Es una experiencia increíble estar detrás de un mostrador. Aprendí que cambia tu perspectiva cuando te paras del otro lado. Cuando eres caja. La gente se acerca con emoción. Deberíamos de documentar las caras de la gente al acercarse a pagar algo que realmente quiere. Y me vino una idea, algo a explorar en esta etapa de pausa: estoy aplicando para ser cajero de HEB (tipo Walmart) en un barrio hispano de Austin. Voy a trabajar ahí un par de noches uno de estos fines de semana. El turno de 6 de la tarde a 2 de la mañana. Quiero ver cómo está comprando la gente. Tomar el pulso de la ciudad y de la noche. Si me ven salúdenme y prometo hacer algo que dejaré pendiente en este interview:

  • Explicarles qué rayos hacía yo con Chuck Norris.

    Sergio Alcocer.

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