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OPTIMISTA

¿Vas a ser padre? 5 consejos para no morir en el intento.

POR Omar Montaño
padre primerizo

Y viene un día común, de esos llenos de problemas y aciertos en la oficina, te ves con los amigos, tomas una cerveza, vuelves a casa, saludas a tu esposa, la sientes extraña pero no dices nada, porque los hombres no decimos nada. Luego, ella se arma de valor y te muestra, con una sonrisa llena de amor y emoción, una prueba de embarazo que tiene dos líneas. No entiendes que pasa, porque a veces los hombres no tenemos ni idea de qué sucede, a tu cerebro le toma un momento entender la idea, sonríes, y lloras, y no puedes respirar, y la abrazas, y entiendes: vamos a ser padres. Muchas ideas empiezan a rebotar de parietal a parietal, recuerdas todo lo que te han dicho los que ya son padres y sigues sin saber qué hacer, solo sabes que eres feliz, sin importar cuan asustado estés. Por cierto, felicitaciones.

fotovía: netonibulk 

Y llamas a tu mejor amigo, también a tus padres, a lo mejor lo postees en Instagram o Facebook dándole la bienvenida a algo que aún no sabes cómo va a ser. Y vuelves a la oficina, tienes un brillo diferente y sonríes más que antes. Les cuentas a todos y te tan palmadas en el hombro, muchas felicitaciones y unos pocos “¿en serio?”. Con todo esto vienen también palabras horribles, que no deberían ser mencionadas, como el innombrable, palabras que te taladran la vida y las expectativas, te aumentan el miedo y la incertidumbre, sigues sonriendo pero hay pánico, muy bien oculto, porque somos hombres y los hombres no sentimos miedo. Claro.

fotovía: Farmacia de Zaragoza

Palabras que vienen habladas al oído, o por teléfono, o en medio del abrazo, o por WhatsApp o en respuesta a tu orgulloso posteo en redes, palabras que no te dan aliento, te lo quitan: “se te acabó la buena vida”, “no vas a dormir nunca más”, “ahora verás lo que es bueno”, “vas a pagarlas todas”, todas terminando con un gran “pero te felicito, vas a ser muy feliz”. ¿WTF? 

Ahora bien, yo, que acabo de pasar por todo lo anterior, puedo con total seguridad decir que no es cierto (casi nada, al menos). Resulta, que cada quien cuenta cómo le va en la fiesta y de repente, todos se convierten en expertos en este tipo de situaciones.

fotovía: Revista Bienestar y Salud

Respira tranquilo, todo va a estar bien.

Ahora sí, los consejos.

Oídos sordos

Que todo lo que te aconsejen sea paisaje, que entre por una oreja y salga por la otra. Solo tú vas a saber qué hacer, mágicamente. Y si no, puedes llamar al pediatra, o a tu mamá, o a tu suegra (very unlikely). Recuerda, todo va a estar bien.

Dormir bien depende de ti

Cada bebé es diferente, pero indudablemente se ajustan al estilo de vida de los padres. Así que, no te dejes asustar, solo debes ayudar a la madre en todo lo que se pueda para que ambos compartan el poquito de insomnio que vendrá.

 Independencia de la familia

Así como los amigos, nuestros padres se convierten en los más expertos con un argumento clave: “te criamos a ti”. Aunque su ayuda es innegable y muy útil, hay que mantenerlos a raya, porque aunque son sus nietos, solo son los padres del recién nacido los que van a decidir el futuro y la forma en la que crecerá.

 Google no lo sabe todo

¿Estornudó? Google. ¿Lloró? Google. ¿Cualquier cosa? Google. Mala idea. A pesar de que tenemos que confiar en el instinto parental, hay que confiar únicamente en el experto, es decir, el pediatra. Google nos puede dar una luz ante cualquier eventualidad, así como nos la pueden dar los abuelos, pero en temas de salud, o de cuidado, solo alguien calificado debe dar la respuesta final.

 Vacunas

Esto no tiene discusión, hay que ponérselas todas. Fin. 

Y sí, la vida nos cambia poco o mucho, ahora prepararemos teteros, cambiaremos pañales y veremos muchas películas infantiles, pero al final del día, lo vale.

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