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Cuando nadie tenía la menor idea de lo que era un premio Clio, Gabriel Dreyfus ya los ganaba.

POR Editorial

Gabriel Dreyfus es pionero, es talentoso, es provocador y sobre todo, es el Padre de la generación de creativos argentinos de los ’90. El descubridor de Hernán Ponce, Ramiro Agulla y Carlos Baccetti.
Junto a Straschnoy, Verdino y Funes, creó una de las agencias argentinas más importantes de todos los tiempos 

Gabriel Dreyfus es, sin dudas, el creativo más premiado internacionalmente en los 70’s y 80’s, cuando la publicidad argentina ni siquiera se animaba a pensar que podía ganar un premio.

De esa época surgen comerciales maravillosos como “Motorcito” para YPF y “Minero” para Levi’s. Dos comerciales que, si se filmaran nuevamente, serían tan actuales como innovadores.

Admirado y temido en dosis iguales, Gabriel es poco afecto a los grises.

El mismísimo Carlos Baccetti recuerda sus inicios y la forma en que éste lo marcó: “Cuando empecé en Young, Gabriel era el Director Creativo. Una semana se le daba por ser Boxeador y a la siguiente, Gay. Cómo es eso? Durante una semana entera se ponía guantes de boxeador y te cagaba a palos antes, durante y después de presentarle una idea. Corríamos todos como locos para que no nos agarrara, porque donde te veía te ponía contra la pared y te daba para que tengas. A la semana siguiente te corría para comerte la boca a besos. Todos desesperados corríamos huyendo de él, porque si te atrapaba, te besaba en la boca. Eran épocas que trabajábamos todos los equipos con las puertas cerradas para preservarnos. Pero en la presentación no zafabas” 

A Gabriel Dreyfus le dicen el loco, seguramente haya sido su espíritu provocador el que alimentó esa fama. La misma fama internacional que continuaba creciendo, en una época en la que nadie se animaba a pisar el Aeropuerto de Ezeiza para otra cosa que no sea irse de vacaciones.

Fue el primer publicitario latinoamericano en ser nota de tapa de Advertising Age.

Integró en Londres el Comité creativo para la Publicidad de Ford of Europe, cuando ningún latino se sentaba en ninguna mesa de decisión.

Ocupó el puesto de Director Creativo de Bassat, Ogilvy & Mather en Madrid, trabajando mano a mano junto al legendario Luis Bassat.

Esteban Martucci, uno de los grandes Directores de Arte que dió el país, se sincera: “Yo tengo muy mala memoria para los cuentos, pero él tiene miles de anécdotas. A él le encanta contar sus historias. Hay una que es muy fuerte, que recuerdo que me contaron y luego él me la confirmó. Cuándo se fue a vivir a España, fue en el momento más hot de la publicidad española, con argentinos exitosos allí como Horacio Bertolotti y Lidia Espasande. La cosa es que llegó y no fue bien recibido. Estuvo muy incómodo con los españoles y los españoles con él. Entonces tenía un contestador automático en su teléfono que decía sólamente esto… “Lo único bueno de vivir en Madrid es que los fines de semana puedes visitar Paris”. Lo contás hoy y te parece una idiotez, pero en ese momento era lo que definía su personalidad: soberbia y desafiante. Era como si Messi se riera de los catalanes en Barcelona. Algo parecido a lo que decía Tévez en Manchester”.

Decíamos que su espíritu provocador es el que alimentó su fama de loco? Veamos.

En 1983 fue convocado por David Ratto para ser su co-equiper en la campaña del retorno a la Democracia. Gabriel recuerda que en la primera reunión Alfonsín dijo: “Le voy a dar mucha importancia a la publicidad de esta campaña porque yo voy a ganar por el 2 por ciento”. Yo, que era medio un chiquilín irrespetuoso, le dije: “Bueno, si está tan seguro que va a ganar no haga la campaña. Yo creo que es muy importante y usted va a perder por poco”. David me fulminó con la mirada. Todos se quedaron callados con un silencio de muerte. Alfonsín se levantó de la silla, yo también, me abrazó y me dijo: “Usted es el más optimista de todos los que me rodean”.

El pasado y el presente de la publicidad argentina, la efímera gloria de los creativos, el crecimiento y la caída de las agencias, los diferentes envases políticos para el mismo contenido económico y la desmedida importancia de la publicidad política, forman parte de “La Publicidad que me parió” (Planeta, 2001), un libro de su autoría que causó el mismo revuelo en las librerías, que el quecausa cada vez que aparece en un programa de Televisión o en un medio dando su ácido punto de vista.

Un trágico día, la comunidad publicitaria argentina y todo un país, se encontró con la siguiente noticia:“Gabriel Dreyfus había visto las noticias de la desaparición del Airbus A330-303 de Air France a la mañana, en su departamento de Núñez. Sabía que su hijo estaba por viajar desde Río de Janeiro a París, pero los noticieros no daban cuenta de pasajeros argentinos. Ignoró todos los malos augurios y llegó al Instituto Hannah Arendt para una reunión de campaña del Acuerdo Cívico y Social que él comandaba como creativo publicitario. En algún momento atendió su teléfono. Eran las 12.30 cuando se levantó intempestivamente y dijo que tenía que irse. Urgente. Se encerró unos minutos a solas con Patricia Bullrich y salió agitado: un amigo de su hijo acababa de confirmarle que Pablo Gabriel y su esposa brasileña iban en el vuelo 447, perdido en alguna parte del Atlántico” relataba el diario Perfil.

Nadie se repone de una pérdida tan dolorosa. Nadie. A pesar de eso, Gabriel, el padre de Camila, fruto al igual que Pablo de su primer matrimonio, y de dos hijos adoptados de su segunda unión: Brian y Antonella, siguió adelante como un guerrero.

Eso es Gabriel, un guerrero, no un loco.

Jorge Martínez, Director de Adlatina, lo define con justicia: “Dreyfus fue uno de los Llaneros solitarios de los ochenta. Uno de los pocos que, equivocados o no, continuaron atrincherados defendiendo la creatividad en una época en donde el negocio –en la Argentina- pasaba por audacias de índole financiera. Dreyfus es uno de los legítimos padres de la generación de creativos de los noventa”.

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