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SPORTS

El primer mundial se jugó sin sponsors, ni televisación. O sea, cuando a la FIFA todavía le gustaba el fútbol.

POR Editorial

Hasta 1930 no se había realizado ningún Mundial en el orbe y el referente de ese momento era nada menos que Uruguay.Y por qué? Porque habían ganado las dos justas Olímpicas anteriores, 1924 y 1928.

Por este motivo, el mismísimo Jules Rimet fue el más entusiasta promotor de la candidatura de Uruguay como país sede del primer Campeonato Mundial.  A pesar de que otros países europeos declinaron en sus candidaturas con el fin de que ganara Italia, el argentino Adrián Béccar Varela convenció a los italianos para que se retiraran, consiguiendo así que Uruguay sea la sede del primer Mundial de la historia.

Listo, millones de dólares en ingresos, regocijo de toda la industria turística, inversiones astronómicas, cientos de marcas entrando al ruedo de los auspicios, un festival entero de inversiones. No. No fue así. Era 1930 no 2014, este Mundial no se televisaría, no existía la televisión.

Y si no existía la madre de todas las inversiones publicitarias, qué existía entonces. Pues existía una novedosa radio y una ya bien establecida prensa, pero no consolidada aún en términos comerciales fuera de la venta del diario. Los avisos eran vistos todavía como intrusos dentro de las páginas noticiosas de las rotativas. Entonces el Mundial no era un negocio. El Mundial no tenía logo. Entonces, era la más pura expresión de competencia. No corrían millonarias subastas de espacios publicitarios y auspicios. No, no era así.

Para 1930 Europa no se había recuperado totalmente de la primera guerra mundial y la depresión de 1929 extendía todavía sus largos brazos a Europa y América del sur. El retiro de inversiones en el resto del mundo era latente. Pero la falta de interés de las marcas hacia el Mundial no venia por ahí.  En una fotografía de la época se puede ver a marcas como Ford y Otis interesadas en anunciar su participación en la construcción del Palacio Salvo, mítico edificio de Montevideo. Casi todas las marcas estaban lejos del futbol y no se asociaba ningún valor de esta actividad deportiva a los atributos de los productos. En un dato curioso de la primera época del futbol sudamericano, aparece la Copa Lipton copa donada por el magnate del té ingles, sir Thomas Lipton y disputada entre Argentinos y Uruguayos anualmente desde 1905, pero sin ningún interés comercial registrado o asociado a tan importante marca de té.

¿Se perdieron de algo los publicitarios de esos años?

Por esos días ningún jugador era famoso, ni salía en las listas mundiales de los mejores pagados. Eran amateurs, jugaban por la camiseta. No existían referentes que consiguieran disuadir al público a usar o comprar algún producto, al menos no en el futbol. En esto el béisbol llevaba ya la delantera, cuyos contratos, algo millonarios para la época, datan de 1920 y en donde jugadores como Babe Ruth eran acosados ya por agencias de publicidad de norte América, para introducir sus rostros en cajas de cereales.

Pero en el futbol no, el futbol era todavía casi ajeno a esta vorágine.

Aunque algunos de los cracks ya empezaban a tener una fama no menos importante en el cirulo futbolístico a nivel mundial, todavía no rondaba el valor monetario en sus calificaciones. Un dato importante para este efecto es que el futbol profesional no llegó hasta pasado 1930 en muchos de los países en donde se practicaba. Y un ejemplo: el equipo Rumano de Uruguay 1930 estaba compuesto en su totalidad por trabajadores de una petrolera inglesa, ante la cual tuvo que intervenir el mismo rey para que los dejaran viajar al mundial.

Con todo este poco interés comercial en el futbol, revisando imágenes de este primer Mundial puro en valores deportivos y lleno de buenas intensiones, no encontramos ni una sola valla publicitaria dentro o fuera de los únicos tres escenarios que tuvo 1930, ni un solo aviso o auspicio resaltando las virtudes de algún equipo, ninguna marca anunciaba la buena noticia, ni como marca país, ni como servicio, ni como producto.

La AUF (asociación uruguaya de futbol) recaudó tan solo US$ 255,000 por este mundial, versus el US$ 1´000,000 que costó la construcción del estadio Centenario. En promedio, los partidos más importantes recaudaron apenas US$ 30,000. El peor partido en asistencia de toda la historia, estuvo en este Mundial: Rumania vs Perú lo vieron 300 personas solamente. E inclusive ante la negativa de Inglaterra, Italia y Alemania de asistir supuestamente por el costoso viaje en barco, Uruguay se ofreció a pagar los gastos del viaje de todos los participantes europeos. Igualmente esos tres países no aceptaron en represalia a que la sede no quedó en Europa.

Vuelvo a preguntar, ¿de qué nos perdimos los publicitarios de 1930? Si la televisión no existía en ese entonces, no existía tampoco la casi obligatoria necesidad de publicitar en ella, terreno muy parecido al de hoy en que mas allá de la crisis económica europea y de la localía sudamericana, para ser eficaz no es necesario estar en televisión. En 1930 no existía, hoy no es necesaria. Entonces de qué nos perdimos, sigo preguntándome eso.

Y me responden los mismos datos de la época, más bien, me lo tiran en la cara y me dan una lección de cuanto se puede hacer hoy, lejos de las millonarias subastas de entradas y presupuestos astronómicos de las marcas que hoy hacen posible un mundial que recauda millones y mueve inversiones en todo el planeta.

  • Nos perdimos de hacer de los 9 meses construcción del estadio Centenario, un record emotivo que demuestre la tenacidad del pueblo Uruguayo en la celebración del centenario de la Jura de la constitución, como marca País.

  • Nos perdimos de hacer de la elegancia de los equipos, que entraban con traje a la cancha para la foto oficial, un viral magnifico para la sastrería fashion de turno.

  • Nos perdimos de la calidad de las boinas usadas para no lastimarse con la pelota hecha de tiesto.

  • Nos perdimos de que Andrés Mazzoli, arquero uruguayo que además era campeón de 400m llanos y jugador profesional de básquet, llegara a la concentración conduciendo un magnifico Ford-T.

  • Nos perdimos de hacer del balón de la segunda mitad de la final, un emblema nacional de Uruguay y la primera marca del campeón.

  • Nos perdimos de la voz de Ignacio Domínguez y Emilio Elera invitándonos al almacén el Patriota en la primera transmisión radial de un Mundial.

  • Nos perdimos del manco Héctor Castro, en la final, levantando la copa con su única mano, para alguna lovemark.

  • Nos perdimos de las barras, nada bravas engominadas y de traje, en el café La Giralda, la panadería el Pocito o el Cine Rex.

  • Nos perdimos de convertir a la Petrolera Inglesa en un héroe Rumano por permitir finalmente que viajaran los futbolistas al Mundial.

  • Nos perdimos de hacer del error del equipo Boliviano que, al querer homenajear al organizador, escribió en cada chaqueta una letra de “Viva Uruguay”, que al final se leyó “Viva Urugay” por la descomposición de un jugador, un caso para cualquier laxante.

En resumen, nos perdimos de hacer un Mundial más visto pero sin tv. ¿Nos lo vamos a seguir perdiendo?

Alex Arteaga.

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