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SPORTS

En el ´78 aparecieron Kempes, Luque y Bertoni, mientras en la calle desaparecían miles de personas.

POR Editorial

Argentina venía de una larga historia de tentativas que nunca llegaron a concretarse. Quiso el mundial del ‘38, el del ‘62 y el del ‘70, pero no logró ser la sede hasta 1978. Y aunque Jorge Rafael Videla sólo tenia 41 años y no soñaba con ser presidente de facto en 1966, fecha del congreso de Londres en donde se decidió la sede, su figura enlutó para muchos “la NO copa”

El 24 de marzo de 1976, Videla, Massera y Agosti tomaban el gobierno y sin saberlo, o a sabiendas, tenían la mejor arma en ciernes para manejar un país y, sobre todo. un país como Argentina: el fútbol.

4 años antes del mundial, Perón había delegado al Ministerio de Bienestar Social la organización de éste. Sin embargo, dado el golpe, la organización quedaría en manos del EAM y manejado por el Almirante Lacoste. Ya habían empezado las desapariciones, la de la ilusión por el mundial, sólo fue una más.

Exiliados en Europa planearon un boicot denunciando la múltiple violación de los derechos humanos de la junta. Sin embargo, ésta adujo que dicha campaña era una campaña anti-argentina y comunista. Comprados los medios, se sumaron a esta contra-campaña y muchos aceptaron la idea.

La FIFA, bien gracias. Y el Gauchito ya dominaba el balón en la Televisión.

Y es que el fútbol es eso: 11 contra 11 corriendo detrás de una pelota con el irrefrenable deseo de conseguir un gol, mientras millones gritan sin razón para ver ese gol. Y así quizás se consumó el plan para esconder la barbarie de las calles, con lo más bonito que Dios nos ha regalado, un balón.

Sin mas ni mas, el Gauchito seguía dominando la Televisión y lo hacía con una Tango. 520 millones de Dolares se gastaron para este mundial, cuyas cuentas nunca se vieron, pero eso no importó.

Se eligieron estratégicamente 6 sedes: cuatro en distintas provincias y dos en una picante Buenos Aires. El 1 de junio de 1978 se dió el puntapié inicial, a pesar de los exiliados europeos y amen deJoao Havelange con sospecha de canje de prisioneros incluída.

Argentina clasificó segunda en su grupo y en la siguiente fase venció a Polonia y empató con Brasil. Necesitando un milagro para clasificar a la final: vencer al Perú de Teófilo Cubillas por más de 4 goles. Un cóndor, el plan, que tenía alas más largas de las que se pensaba, dicen hizo su aparición. Argentina goleó a Perú 6 a 0, mientras el Gauchito seguía dominando la Tango con la banda musical “25 millones de argentinos” de fondo, compuesta por Martín Darré.

La final se disputó en el Monumental de Nuñez, a unas cuadras de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), el centro clandestino de detención, tortura y exterminio. El lugar donde se jugaba otro partido.

Minutos antes de salir al campo a jugar la final, el Flaco Menotti diría a sus dirigidos, a puertas cerradas y sin interferencias, un pequeño pero significativo discurso:

“ Nosotros somos el pueblo, pertenecemos a las clases perjudicadas, nosotros somos la víctimas y nosotros representamos lo único legitimo de este país: El Fútbol. Nosotros no jugamos para las tribunas oficiales llenas de militares, sino que jugamos para la gente. Nosotros no defendemos la dictadura, sino la libertad”

Argentina Campeón. Argentina premio FIFA al juego limpio. El Proceso de Reorganización Nacional, no sabe no contesta.
Holanda cayó vencida dignamente. Tan digna como el gesto de no saludar a la junta militar en la ceremonia final. Un mundial para el recuerdo, en una época para el olvido. O al revés.

Alex Arteaga L.

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