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“9 de cada 10 billetes de dólar contiene restos de cocaína”.

POR Redacción

Narcos debutó en sincronía con el fenómeno Donald Trump, donde todos los latinos pasaron a estar sospechados de narcotraficantes, vagos, ladrones y usurpadores del sueño americano. No sabemos si será una esas series que van a quedar en la historia de Netflix, al estilo “House of Cards”, “Breaking Bad” u “Orange is the new Black”, pero sí de un producto perfecto que encaja en esta nueva realidad bilingüe y bicultural, que se está instalando en los Estados Unidos que están por venir.

Foto vía: alphr.com

Hace una década, la historia de Pablo Escobar se hubiera contado de manera más obvia, interpretada sólo por actores anglosajones y hablada completamente en inglés, a lo sumo con acento latino al estilo Scarface. Así es como funcionaban las películas de la droga para un público americano en otras épocas. Incluso podría haber sido narrada con algunos de los guiños que tuvo El Padrino; una historia de inmigrantes y sus descendientes abriéndose paso en el país del norte para ser parte del sueño americano.

Foto vía: bustle.com

Aquí reside lo interesante de Narcos. Es la historia del encuentro de dos culturas: la sajona, que maneja el negocio y la hispana que maneja la locura, la pasión, la vehemencia, el todo por el todo. A tal punto hay un choque de culturas en esta serie, que la frase preferida de Escobar es “Prefiero tener una tumba en Colombia, que una celda en los Estados Unidos”, depositando su odio visceral ante la invasión de los gringos en suelo colombiano.

Foto vía: cinepremiere.com.mx

Narcos es la historia de dos culturas que se necesitan y la hipocresía de tratar de delincuente a alguien que en realidad alimentaba la fiesta desde un país bananero. Por eso tiene tanto éxito esta serie. Porque no se quedó en la superficie, contando el auge y caída del imperio de la droga más grande de todos los tiempos, controlado por Pablo Escobar desde tierras paisas. Eso es lo que ya hicieron todos.

Foto vía: observer.com

Por el contrario, Narcos se centra en estos dos mundos y desarrolla muy bien el hilo conductor de la historia que es la venganza de alguien que nació pobre, fue rechazado por la oligarquía, por las altas esferas de la política y decidió refugiarse en un ejército de pobres que, al fin de cuentas, son los que le dieron el poder. Sus pares, su gente, quienes lo adoraban, lo veneraban.

Lo llamativo es que, por primera vez, las dos mitades tienen una calidad bastante diferente. La trama americana está interpretada por actores estadounidenses bastante mediocres que se salvan por una voz en off que viene a cubrir evidentes baches en la estructura dramática. En cambio, la mitad latina interpretada por grandes actores y actrices colombianos, un par de chilenos y el brasileño Wagner Moura, que hace una magnífica interpretación de Pablo Escobar a pesar de no tener acento paisa. Uno mejor que el otro.

Foto vía: vogue.globo.com

La composición actoral de la cual hablábamos, el notable nivel de producción, la impecable dirección del también brasileño José Padilha (Tropa de élite), lograron que sea aclamada por la crítica y el público desde el primer día. 

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