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Israel está ganando la guerra de la tecnología. Tel Aviv ya es la nueva Silicon Valley.

POR Redacción

Israel ocupa el segundo puesto mundial en cantidad de start-ups per cápita, así como el mayor porcentaje de PBI invertido en investigación y desarrollo.
La inmigración de 3 millones de judíos de todo el mundo y su agresiva política educativa, son la clave del éxito

Israel es un país joven, no tiene agua ni recursos naturales, es un pequeño territorio en un extremo del Mediterráneo, rodeado de enemigos, con un terreno árido en el que sólo podían cultivar olivos o naranjos y hoy es un ejemplo para muchos países en vías de desarrollo.

Foto vía: lebusinessjournal.com

Se compone de personas venidas de todo el mundo en oleadas tras el holocausto, después de la creación del Estado de Israel, en 1948, y en las distintas migraciones atraídas por beneficios ofrecidos por el Gobierno. Allí conviven judíos, laicos, árabes, rusos, europeos y sudamericanos, quienes suman esfuerzos para sacar adelante su proyecto de nación.

Muchos expertos coinciden en que su desarrollo militar ha incidido profundamente en su despertar tecnológico.¿Quiénes fueron los emprendedores que convirtieron una idea en una empresa exitosa? La mayoría, jóvenes que después de prestar el servicio militar obligatorio y de hacer carrera profesional, empezaron a pensar como empresarios y no como empleados.

Esta mezcla de gente joven, bien educada y creativa, incubadoras efectivas, universidades que investigan, un Estado que apoya e inversionistas que arriesgan, es lo que convirtió a Israel en la “Start-Up Nation”, como fue denominada en el Best Seller escrito por Dan Senior y Saúl Singer.

De sus necesidades de defensa han logrado grandes avances en óptica, robótica, balística, aeronáutica, ingeniería de materiales y electrónica. De las dificultades con los terrenos áridos lograron avances en la agricultura, campos de riego, genética vegetal, fertilización, riego por goteo, piscicultura. Sin olvidarnos de los descubrimientos y patentes en biomédica, medicina, genética y reproducción que tuvieron los últimos años.

Es la innovación la que ha dado origen a patentes sobre dispositivos de almacenamiento como las USB para la electrónica; los tomates cherry para la agroindustria; los misiles que interceptan y destruyen a otros en el aire; y las cápsulas inalámbricas para recorrer el sistema gastrointestinal y ayudar en el diagnóstico de enfermedades.

En la última década muchas de las empresas más conocidas del mundo en tecnología, como Apple, Cisco, HP, IBM, Intel o Google, anclaron en Israel –casi siempre en el puerto de Haifa– para ubicar allí plantas de producción y/o laboratorios de investigación y desarrollo.

Llegaron atraídas por el talento humano que el país ha formado en cinco destacadas universidades donde las ciencias básicas son fundamentales, al punto de que sólo en una ciudad hay tres premios Nobel de física y química.

Desde que comenzó este siglo miles de ideas de negocio fueron incubadas por entidades privadas, financiadas por fondos de capital de riesgo y, en muchos casos, vendidas por decenas de millones de dólares a multinacionales informáticas, laboratorios farmacéuticos, magnates o desarrolladores de software.

“Yo llamo a Israel la Nación de la Innovación y el futuro pertenece a aquéllos que innovan. Los que no lo hagan, ya sea en compañías o en países, se quedarán atrás” comentó el premier Netanyahu, durante su intervención en el Foro de Davos.

Según el líder, el tan promocionado milagro israelí, es la esencia del pueblo judío, que desde tiempos antiguos hizo especial hincapié en la alfabetización y la cultura, que se transmitía de padres a hijos.

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